El otro día surgió una discusión de
desayuno acerca de los financiadores y los proveedores de salud. No quedaba
claro el concepto de quien pagaba a quien y quienes debían prestar la atención
sanitaria.
Una vez aclarados los conceptos, donde
aproveché para darle uso a mi reciente titulo de experto en gestión, la
conversación derivó en una dirección insospechada. Uno de los miembros de dicha
mesa me dijo que creía que una buena felación semanal a todos los pacientes
crónicos pluripatologicos, independientemente de la edad que tuvieran,
mejoraría su bienestar y su sensación subjetiva de salud.
Después de un rato pensándolo, ante tan
extraña sugerencia, le dije que creía que sí, que probablemente todos se
sentirían mejor, mas saludables, mas vigorosos, e incluso aunque “senso
estricto” su salud no cambiara, la percepción que tendrían ellos de la misma,
sí que mejoraría.
Al final me hizo una pregunta: Pero, ¿Crees
que lo debería financiar el estado?. Le dije que rotundamente creía que no. De
ahí pasamos a discutir sobre una serie de procesos o productos en sanidad, que son financiados
totalmente por nuestra Seguridad Social pero que solo producen salud relativa o
muy marginal.
En un mundo ideal, y digo ideal
refiriéndome a un mundo en el que los políticos fueran honrados y los procesos
limpios y transparentes, que preferiríais, ¿Abarcar mucho con el presupuesto? O
abarcar menos pero a mas personas, o mas rápido, o con mayor calidad y destinar
esos “excedentes” a otras partidas diferentes a la sanidad, como la parte
social o la educación?
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